16 feb 2011

Reinos de Britania (485)


Britania está dividida en cinco grandes áreas: Logres, Cambria, Cumbria, Pictland y Cornualles. Logres es la tierra más importante. Además, existen una serie de reinos Sajones en la costa oriental.


Cambria
Cambria es la región occidental de Britania, lo que actualmente se conocería como Gales. Dos gobernantes principales se reparten las tierras de Cambria. En la parte sur, el Rey Lak es el Monarca de Estregales, y es el señor feudal de los señores de Escavalon, Gloucester y Cardigan.

Al norte, las tierras de Norgales, Gomeret y las Islas, son gobernadas por el Rey Pellinore, muy apreciado por sus súbditos. El interior de Cambria es una región muy montañosa y salvaje, en las que habitan multitud de tribus independientes.

Cumbria
Cumbria incluye las tierras al norte del Río Humber y al sur de las montañas de los Pictos. La mayoría de la región está formada por marismas, montañas y bosques inexplorados.

El Rey Lot de Lothian es el señor más poderoso. Su tierra natal son las Islas Orkneys. Está aliado con diversas tribus Pictas. Aunque Lot es el Rey más poderoso, el resto de reinos norteños no son vasallos suyos.

El Reino de Malahaut es el segundo reino más fuerte y el Rey Uther recientemente salvó a su Rey, Sir Barant de Apres, de los Sajones. Barant tiene tantos títulos como Uther: El Rey Centurión, Rey de los Brigantes, heredero del Rey Coel el Viejo y especialmente, Rey de los Cien Caballeros. Gobierna desde la ciudad de York (Eburacum).

La Costa Sajona
Varias regiones de Britania oriental han sido conquistadas por los invasores llamados Sajones, aunque en realidad no todos vienen de Sajonia. Los Sajones dominan Sussex, los Jutos Kent y los Anglos las tierras de Nohaut y Deira, cada una de ellas con su propio dirigente.
A pesar de su hostilidad con los Britanos, los diferentes reinos germanos son rivales entre sí, y mantienen una frágil paz gracias a su “alto rey”, llamado Bretwalda, el Rey Aelle de Sussex.


Tierras Pictas
Las tierras de los Pictos incluyen todo lo que hay más allá del muro, al norte de Cumbria. La mayoría son montañas inexploradas desconocidas para todos excepto para sus tatuados habitantes. La costa occidental, llamada las Islas Largas, están ocupadas por Irlandeses del reino del Dal Riada.

Cornualles y Bretaña
Estas dos tierras forman el oeste de Britania. Cornualles incluye toda la península suroccidental de la isla, y Bretaña son tierras britanas en Galia.
Cornualles está dividida entre dos señores. La parte norte pertenece al Duque Gorlois. Su mujer, Ygraine, es la dama más bella de Britania. La parte sur está gobernada por el Rey Idres, que también domina la mayor parte de Bretaña.

Bretaña fue hace tiempo una provincia Romana, que ha sido repoblada por emigrantes procedentes de Britania. El norte está dominado por el Rey Idres de Cornualles, y el sur por el Rey Conan de Vannetais, que odia al Rey de Francia.

Logres
Logres es el reino más poderoso de Britania, formado por varias regiones, y posee varias ciudades grandes, como Londres (Londinium) o Sarum (la capital del condado de Salisbury, la región natal de los personajes.)

Todas las grandes carreteras que se pueden ver en el mapa de Britania son Caminos Reales y pertenecen al Rey de Logres, Uther. Cometer violencia en dichas carreteras es un acto de traición contra el Rey.

Historia Reciente


Nos encontramos en el año 485, en las costas de Britania. En tiempos de vuestros abuelos, un líder britano, fue escogido por el Concilio de Britania, el Supremo Collegium, para gobernar la isla. Este líder fue coronado como el Emperador Constantin, después de que los gobernantes britanos recibieran una escueta carta del Emperador de Roma en la que les encomendaba que “cuidaran de sus propios asuntos y se encargaran de su defensa como pudieran”.

El emperador Constantin fue un buen monarca, y en el año 440, su hijo y heredero, Constans, le sucedió. Pero unos años después, el rey fue asesinado, y un hombre llamado Vortigern se hizo con el trono de Britania.

En esos tiempos, hordas de Pictos e Irlandeses atacaron las tierras britanas, saqueando todo a su paso, y para combatir contra ellos, Vortigern trajo un ejército de Sajones que lo ayudara. Él mismo contrajo matrimonio con la hija del Rey Sajón Hengest, y trajo a líderes guerreros del norte para que se asentaran en el oeste.
Por su culpa, los invasores sajones pisaron Britania por primera vez, y vinieron para quedarse. Este hecho, junto a su forma de gobernar tiránica, hizo que el Usurpador fuera detestado por los britanos.

Las rebeliones se sucedieron, pero todas fueron sofocadas por el rey, y las tierras de los rebeldes, confiscadas y entregadas a Sajones. Y en ese momento, ocurrió la nefasta “Noche de los Cuchillos Largos”. Durante un concilio de paz en Stonehenge, los Sajones traicionaron a Vortigern y acabaron con la mayor parte de la nobleza britana.

En esos convulsos momentos, en el año 466, los hermanos del asesinado rey Constans, Aurelio Ambrosio y Uther, retornaron a la isla desde Bretaña, al mando de un ejército. Muchos nativos sintieron renacer la esperanza, y se unieron a los recién llegados, todos bajo su estandarte mágico, el del Gran Dragón Rojo.

Vortigern huyó a Cambria, para evitar el acoso de los hermanos, y fue allí donde apareció por vez primera el Sabio Merlín, Gran Bardo de Britania, profetizando el futuro del Usurpador. Aurelio Ambrosio derrotó a los Sajones, luego fue tras Vortigern, y finalmente, fue nombrado Alto Rey, y llamado Pendragón, por su estandarte.

Las victorias de Aurelio Pendragón se sucedieron una tras otras, derrotando a nuevos invasores sajones, e incluso atacando Frisia y las tierras natales de los sajones, pero hace cinco años, su vida llegó a su fin. Tras marchar contra un ejército de irlandeses y sajones, fue envenenado de forma traicionera, y terminó muriendo. Uther, enfurecido por la muerte de su hermano, se hizo cargo del ejército y venció a sus enemigos.

Los nobles, en agradecimiento, le nombraron Rey de Logres, pero el Supremun Collegium no le apoyó, de modo que no fue coronado Alto Rey, a pesar de que Uther sea el nuevo Pendragón de Britania. Desde el año 480, Uther ha gobernado bien, demostrando ser un monarca capaz, acabando con rebeliones y derrotando a Sajones. El pasado año, consiguió una gran victoria, con la cual la mayoría de los reyes se sometieron a su gobierno.

Es en este momento cuando nuestros personajes hacen su aparición…

15 feb 2011

Año 489: Malas Noticias II


Las puertas del viejo fuerte se abrieron con dificultad, entre los crujidos y chasquidos propios de la madera ajada. De la fortaleza salió un grupo de hombres armados, con el rostro adusto y la mirada glauca típica de los sajones.

Entre los lanceros, avanzaba a trompicones Lady Mielle, la hermana de Sir Garrick, empujada sin miramiento por el que parecía el líder de la decena de hombres que bajaba por la suave colina que llegaba hasta el lago.

Al ver el trato que se le daba a su familia, el impetuoso Garrick apretó las mandíbulas, y bajo su guantelete, los nudillos se le tornaron blancos de apretar la empuñadura de su espada, más consiguió contenerse, temeroso de que su hermana pudiera sufrir algún daño.

Junto a él, el resto de caballeros no perdía detalle de la situación, e incluso se percataron de la presencia de un hombre embozado en las almenas del fuerte, un hombre que sospecharon que sería el traidor que tanto daño les había hecho en el pasado.

Comenzó el intercambio, y durante unos tensos minutos pareció que se iba a solucionar sin problemas. Sir Delivant se encargó de Lady Mielle, y los sajones se preparaban para llevarse las monturas y los bienes que los caballeros habían reunido como pago por el rescate. Pero los jóvenes caballeros no iban a permitir que unos sucios invasores se salieran con la suya, de modo que Sir Garrick dio la señal, y estalló el caos a las orillas del cristalino lago.

- Winterbourne Stoke no negocia con Sajones… Por Uther, Atacad caballeros!- Sir Garrick en su particular idea de lo que es el pago de un rescate.

Sir Garrick espoleó a su montura, y el poderoso corcel se abalanzó sobre el líder de los sajones, que poco pudo hacer ante la habilidad de su atacante. Se un espectacular mandoble, el caballero lo dejó fuera de combate el tiempo suficiente para que el Caballero de la Lanza acudiera presto a su lado, y entre ambos acabaron con su vida.


Mientras tanto, el joven Sir Delivant subió a Lady Mielle a un caballo, y se dispuso a alejarla de la contienda mientras se desenvolvía con habilidad ante sus enemigos. No tuvo la misma suerte el neófito Sir Eddard, que recibió varias heridas de consideración, a pesar de conseguir librarse de su rival.

En unos segundos que parecieron horas, los sajones yacían muertos, pero no se habían terminado los problemas para los caballeros. Nuevamente se abrieron las puertas del fuerte, y esta vez, el grueso de la banda sajona se lanzó colina abajo, gritando, vociferando e invocando a sus salvajes dioses.

Los valerosos guerreros, decidieron retirarse de momento, decisión muy prudente ya que eran superados en gran número, y clavaron espuelas hacia el bosque, al tiempo que hacían sonar el cuerno que avisaría a los camaradas que estaban apostados en la espesura. Mientras huían, se encontraron con la extensa familia de Loic, y sus otros aliados, de forma que, tirando de las riendas de su montura, volvieron sobre sus pasos para acabar con los perros invasores, que fueron completamente barridos ante tamaña fuerza britana.

Tras un breve descanso, donde sus heridas fueron tratadas, los caballeros victoriosos retornaban a sus hogares, cuando vieron en el horizonte una espesa humareda negra. Un escalofrío recorrió la espalda de Sir Garrick, y una ominosa premonición hizo que sintiera una extraña opresión en el pecho, pues se dio cuenta de que, el lugar de donde venía el humo pertenecía a las tierras de Lady Adwen, el amor platónico del caballero.

- Caballeros seguidme!!! Mi dama necesita ayuda!!!... – gritó Sir Garrick.

Los poderosos cascos de los caballos hollaron las tierras, y recorrieron la distancia que los separaba de su destino en un abrir y cerrar de ojos. El viento alborotaba sus cabellos, notaban los potentes músculos de sus monturas tensándose bajo ellos, mientras azotaban una y otra los corceles, apremiéandolos para que galoparan más y más rápido.

Al alcanzar la casa señorial de Lady Adwen, se encontraron con varios caballeros mercenarios, que aunque sorprendidos, no dudaron en atacarlos cuando llegaron. Mientras sus camaradas luchaban, Sir Garrick desmontó de un salto, y penetró en la casa, buscando a su amada.

Subió las escaleras de dos en dos, y por fin econtró a Adwen… con una daga apoyada al cuello, empuñada por el hombre embozado que tantos males les había causado.

- Déjala a ella, esto es algo entre tu y yo… - Dijo Garrick, pero el malhechor no se fiaba de su palabra, temeroso de los camaradas que, con las armas tintas en sangre, se hallaban tras Garrick.

Al final, los caballeros prometieron no atacarlo, y el embozado trató de salir, usando a Adwen como rehen. Pero bastó un leve tropezón, un titubeo, y la palabra no tuvo valor, pues todos los caballeros saltaron como bestias sobre el bandido, desarmándolo en el acto.

Mientras Garrick consolaba a Adwen, sus camaradas maniataban al bandido, quitándole la máscara y revelando a ¡Sir Maglos! Sus sospechas habían resultado ciertas, así que tras una ligera somanta de palos, se dispusieron a llevar al caballero traidor ante la justicia del Conde.

Pero allí, no todo saldría como ellos esperaban….

17 dic 2010

Año 489: Malas Noticias Parte I

“¡Acercaos! ¡Venid todos a escuchar mis palabras! Yo, Gaeldas el Bardo, os contaré las aventuras y desventuras de grandes héroes. Traedme una buena bebida, y os narraré de aquellos tiempos en los que los jóvenes caballeros retornaron a su hogar, esperando el merecido descanso del guerrero, pero sólamente encontraron malas noticias y traiciones. Y de cómo se enfrentaron a ellas, llevando a cabo hazañas de honor y grandes hechos de armas.¡Venid y acercaos he dicho! Pues así continúa su historia…”



El ejército britano desembarcó en el puerto de Hantonne, y lentamente, los caballeros fueron encaminándose a sus respectivas tierras. Los caballeros de Salisbury, junto con su señor, el Conde Roderick, pusieron rumbo a su condado, dispuestos a disfrutar de un merecido descanso tras sufrir los rigores de la guerra.

Tras pasar por Sarum y quedarse algunos días en la corte del Conde, comentando la negativa del Príncipe Madoc a seguir ayudando al pérfido Syagrius, los caballeros quedaron liberados de sus obligaciones por ese año, y seguidos por sus escuderos, partieron hacia sus tierras. Sir Gunner y Sir Langley, todavía heridos tras el asalto a Bayeux, se despidieron de sus camaradas, y fueron Garrick, Loic y su nuevo compañero, el joven Delivant, quienes continuaron el camino charlando animadamente.

De pronto, Sir Garrick avistó a un solitario jinete que se acercaba a ellos. Aunque en un principio no le dio importancia, una extraña opresión se aposentó en su pecho cuando reconoció al jinete. Era Terwid, su administrador. Picando espuelas, el caballero se puso al galope, temeroso de recibir malas noticias.


Garrick llegó a su altura justo en el momento en el que Terwid se derrumbaba, debido a sus heridas. Los caballeros rodearon al caído administrador, que luchaba contra la inconsciencia, tratando de informar a su señor.
Para consternación de los allí presentes, Terwid les informó que una banda de sajones había asaltado las tierras de Winterbourne Stoke, liberando al sanguinario Wulfhere y sus camaradas, los rehenes que los caballeros tenían en espera de rescate.


Los caballeros azuzaron a sus monturas, apurando su llegada a Winterbourne, dejando a su paso las señales del paso sajón. Cabañas quemadas, cadáveres y terror entre sus súbditos. Garrick bajó de un salto y penetró en su casa señorial. Allí, clavada en su sillón, un largo cuchillo sajón, con una nota escrita en un pésimo britano.

“Si quieres volver a ver a la perra sarnosa de tu hermana, deberás traer 5 caballos y 6 libras a Old Hill Lake.

Wulfhere Hacha Sangrienta”

La furia corría por las venas de Sir Garrick, más poco podía hacer, más que tratar de liberar a su familia. A todos les parecía extraño que tal partida incursora pasara de largo tantas tierras, para atacar únicamente las tierras de Garrick. Parecía que, el misterioso traidor del reino volvía a hacer de las suyas.

Garrick fue hasta Sarum, para solicitar ayuda al Conde Roderick, el cual se mostró apesadumbrado por la suerte de su caballero, pero no pudo hacer nada. Mientras tanto, Sir Loic partía hacia las tierras de su padre, donde reunió a los cabecillas de su familia, y con un apasionado discurso, les pedía apoyo en la empresa que iban a afrontar.

Sir Delivant solamente pudo hacer una cosa, ofrecer su espada para ayudar a su nuevo camarada, pero dicha ayuda no era poca, pues de todos era conocida su habilidad en el combate, tal y como había demostrado en las murallas de Bayeux.

Con un apasionado discurso, Sir Loic apeló al honor y la lealtad familiar. Y con tan buenas palabras habló, que su familia no tuvo más opción que aceptar su petición. Más de una docena de caballeros se sumaron a su causa, incluido el joven Eddard Rhun, un caballero nacido en Rydychan y armado caballero por Sir Roderick, que en esos tiempos estaba viviendo en las tierras de la familia de Loic.

Así pues, idearon un plan para liberar a la hermana de Garrick sin pagar lo exigido. Según este plan, Sir Garrick iría con su escudero, pero el escudero sería en realidad Sir Delivant. Además, Sir Gunner, Sir Loic, Sir Eddard y Sir Langley irían vestidos como campesinos, con las armas ocultas en uno de los carros. Uno de ellos llevaría un cuerno de batalla, y cuando hiciera falta, lo soplaría para que el resto de caballeros cabalgara hasta el lugar y los ayudara a eliminar a los sajones.

Era arriesgado, pero ni la cobardía ni la prudencia eran características que se identificaran a nuestros caballeros. Así que allí estaban ellos, contemplando con fijeza las puertas de madera del pequeño y semiderruido fuerte, que se abrían lentamente para comenzar el intercambio.






Continuará...

15 dic 2010

Año 488: El Asedio a Bayeux Parte 2

El rojo amanecer alcanzó la ciudad de Bayeux como una premonición de la sangre que se iba a derramar ese día. Con la llegada del alba, los caballeros salieron sigilosamente de su refugio al tiempo que las tropas del Príncipe Madoc lanzaban el asalto definitivo, encabezado por los infantes y los irlandeses, con el resto de tropas britanas esperando el momento oportuno para atacar.

Los caballeros que se habían infiltrado en la ciudad subieron a la muralla aprovechando tal distracción, y gracias a sus uniformes francos pasaron desapercibidos hasta alcanzar una sección fuertemente presionada por los britanos. Mientras los francos trataban desesperadamente de evitar que los atacantes abrieran brecha en sus defensas, los caballeros de Salisbury aprovecharon el momento, y se lanzaron como leones contra sus enemigos.

Al frente de la cuña, Sir Garrick y Sir Loic lanzaban tajos y lanzazos a diestra y siniestra, empujando, esquivando y golpeando en medio de la confusión. Tras ellos, dispensando muerte a cada paso, Sir Gunner y Sir Langley, avanzaban con furia contenida.

Una decena de cadáveres sembraban el suelo de las murallas antes de que los francos supieran que eran atacados por la retaguardia. Un oficial franco se percató del ataque y trató de avisar a sus tropas, pero en el caos de la batalla fue casi imposible. Sir Garrick clavó su acerada mirada en el rival, y salió a su encuentro, mientras sus camaradas le cubrían las espaldas acabando son sus guardianes.

El oficial lanzó un tajo horizontal, pero el caballero interpuso su escudo y detuvo el golpe, que se hincó profundamente en la madera. Garrick apartó el escudo y golpeó con fuerza, arrojando a su rival a tierra. Antes de que el franco pudiera moverse, la espada del caballero segó su vida.

Mientras tanto, a las afueras de la ciudad, el joven Sir Delivant sujetaba las correas de su escudo con nerviosismo. No por cobardía ni por nervios, sino por ser su primer combate de verdad. El guerrero contemplaba la cima de la muralla, la zona más encarnizada de la batalla, se percató de un posible hueco en las filas enemigas. Avisó a su líder de unidad, que parecía reacio a atacar, sabedor de que sería un asalto muy peligroso.

A pesar de las prisas de los caballeros, su líder, Sir Yggern, dudaba, temblando ostensiblemente, hasta que no tuvo otro remedio que desenvainar su espada y ordenar la carga con voz temblorosa. Delivant, junto a sus camaradas de armas, se abalanzó hacia la muralla, gritando enfervorecido.

De un salto, el joven guerrero pisó el rocoso suelo, sólo para encontrarse a un enorme franco que blandía su hacha contra él. Gritando furiosamente, el franco golpeaba una y otra vez, haciendo recular a Sir Delivant hasta que chocó espalda contra la muralla. Cuando su fin parecía próximo, el caballero se agachó, esquivando el tajo de su enemigo, y saltó hacia arriba, clavando su espada en la parte inferior de la mandíbula de su enemigo. Vociferando en su rostro, Delivan hincó con más fuerza su arma, mientras los chorros de sangre caliente empapaban su rostro y su sobreveste. Al final, de una patada, apartó el cadáver de su enemigo, y paseó su mirada entre los supervivientes, buscando otro rival.

Atrapados en dos frentes, los francos que protegían esa sección de la muralla no tardaron en caer. Aprovechando esta brecha, los britanos penetraron en la ciudad, atacando con salvajismo a los supervivientes francos que tantas bajas les habían causado.
Al final, el propio Madoc penetró en la ciudad. Con su espada “Segadora” en la diestra, y empuñando un estandarte en la siniestra, contemplaba la ciudad recién conquistada con una sonrisa de satisfacción en el rostro. Se volvió hacia sus soldados, le exhortó a voz en grito:

–¡LA CIUDAD ES NUESTRA! –
Días después, los carros llenos de botín aún salían llenos de Bayeux, botín que se repartió entre los conquistadores, llevándose todos un buen pellizco. Los caballeros consiguieron varias libras, además de gran renombre. Como muestra de confianza, el Príncipe Madoc les encomendó la misión de proteger su pabellón de campaña, cosa que los caballeros hicieron con la diligencia que les caracterizaban.

Al amanecer del segundo día, trompetas y fanfarrias anunciaron la llegada del Pretor Syagrius, que llegaba al campamento engalanado al estilo romano, montando un caballo blanco y seguido de sus équites.
Desmontó y se acercó al príncipe que había salido a recibirlo con rostro adusto. El Pretor abrazó al heredero britano, alabando y agradeciendo su ayuda. Luego, exhortó a Madoc a partir, pues los francos tenían que ser derrotados definitivamente.

– No –

El silencio cayó sobre el campamento al escuchar la lacónica respuesta del príncipe, y la confusión se dibujó en el rostro del Pretor.
La duda dio paso a la furia, mientras el romano argumentaba que Uther había hecho una promesa, y recordándole las palabras del Pendragón. Pero la tajante respuesta de Madoc no dejaba lugar a dudas.

– Yo no soy mi padre – dijo mientras se daba la vuelta, dejando al Pretor con el rostro congestionado de ira, aguantando las sonrisas burlonas de los caballeros, cuya enemistad hacia el Pretor era más que patente tras su “traición”.

Perjurando en su idioma, el romano se dio la vuelta y partió con sus tropas. Tiempo después, llegarían a los oídos de los caballeros las noticias de su aplastante derrota. Pero ahora era tiempo de celebración, y los caballeros, cargando con un gran botín, embarcaron rumbo a su hogar, donde sus aventuras no habían terminado.

¿Qué era lo que les esperaba en las costas de su querida Britania? Pronto lo descubrirían…