9 jul 2016

El Ejercito del Condado

En esta entrada se especifican las tropas que posee el Condado de Salisbury en el año 499, así como su distribución en los diferentes castillos y ciudades del mismo:

Guardia Personal del Conde: 6 Caballeros
  + Sir Jaradan, Sir Trevelyan, Sir Glewwyd, Sir Owain, Sir Indric, Sir Julius

Oficiales del Condado: 5 Caballeros
  + Sir Garrick, Mariscal de Salisbury
  + Sir Janus, Senescal de Salisbury
  + Sir Galiston, Mayordomo de Sarum
  + Sir Cadfael, Condestable de Salisbury
  + Sir Leoric "El Justo", Justiciar de Salisbury

Castillo de Devizes: 2 Caballeros y 20 Infantes
  + Sir Cador y su hijo, Sir Caradog

Castillo de Du Plain: 2 Caballeros y 20 Infantes
  + Sir Cornelius "El Romano", Sir Gwion

Castillo de Ebble: 1 Caballero y 5 Infantes
  + Sir Loic ap Tonan

Castillo de Sarum: 4 Caballeros y 75 Infantes

Castillo de Tilshead: 2 Caballeros y 15 Infantes
  + Sir Amig "Asesino de Sajones", Sir Gunner "El Oso de Salisbury"

Castillo de Vagon: 1 Caballero y 20 Infantes
  + Sir Elliot, heredero de Sir Elad

Warminster: 1 Caballero y 10 Infantes
  + Sir Delivant Tanicus

Wilton: 1 Caballero y 20 Infantes
  + Sir Edward

Patrulla: Dos patrullas de 3 Caballeros
En sus señoríos: 5 Caballeros
Otros Servicios: 4 Caballeros

Total: 40 Caballeros y 185 Infantes




2 nov 2012

Año 490 Parte 1: El Yelmo de Wotan

Corría el año 490, y el Rey Uther comenzaba a reunir a sus ejércitos para plantar cara por fin a los Sajones. Y allá fueron nuestros caballeros como parte de la comitiva del Conde Roderick. El campamento era enorme, el más grande que los caballeros habían visto, y eso que eran veteranos de asedios como la sangrienta toma de Bayeux. Los días pasaban, y lentamente, el contingente de britanos iba aumentando.

Una noche, mientras los camaradas de Salisbury compartían fogata entre los pabellones, una figura conocida surgió entre las sombras a su lado. Era Myrddin Emrys, Merlín, el Archidruida de Britania, con el que habían tenido contacto en el pasado.

Este les contó que tenía una misión para ellos. Había escudriñado el fuego, soñado el sueño de los druidas, y visitado el Otro Mundo, y había visto que los Dioses Sajones se preparaban para brindar su ayuda a sus súbditos.

Ragnar Ala de Cuervo, Druida Sajón, había obtenido lo que llamaba el Yelmo de Wotan, un artefacto del mundo antiguo. Con él, pretendía resucitar a uno de sus antiguos campeones, que los lideraría en la batalla que pronto había que acontecer. Sobrecogidos y alarmados por esos temas mágicos de los que nada sabía, aceptaron el reto, encaminándose hacia el norte en el mayor de los sigilos.

El viaje fue peligroso, pues estaban en territorio enemigo. Se encontraron con exploradores sajones, pero por suerte, pudieron sortearlos o acabar con ellos sin sufrir daños graves. Al fin, alcanzaron su destino.

Un antiguo templo, erigido por los romanos, había sido tomado por los druidas sajones para sus impíos ritos. Se encontraba a la salida de un bosque, y detrás suya, había un lago donde los invasores venían de cuando en cuando a pescar.

Siguiendo un consejo que le dio el mismo Merlín, Loic se introdujo en el lago, y en él, encontró una estatuilla desgastada dedicada a los dioses antiguos. Detrás de ella, bajo el agua, había lo que parecía ser un túnel.

Con gran peligro para sus vidas, bucearon en el túnel en la oscuridad más completa. Más de uno estuvo a punto de perecer ahogado, pero al final, llegaron a su destino. Sacaron los bultos en los que habían metido sus pertrechos, y se prepararon para cumplir su misión.

De lo acontecido hasta llegar a la estancia de Ragnar, no hablaremos hoy, aunque sin duda merece una historia por sí misma. Como auténticos espíritus, se deslizaron en las sombras de la noche, hasta alcanzar la sala principal.

Allí, había un sitial de madera. A ambos lados, dos braseros enormes que iluminaban la sala, protegida por dos enormes guardianes. Sentado en el situal, un gigantesco sajón parecía estar dormido, mientras Ragnar, ayudado por dos acólitos, salmodiaba en su idioma conjuros y sortilegios.

Los caballeros trancaron las puertas y atacaron. Los braseros cayeron al suelo, y los druidas alzaron un muro de llamas. Garrick saltó a través del fuego, quedando casi ciego, mientras sus compañeros lanzaban tajos a diestro y siniestro.

Cuando parecía que la victoria estaba cerca, un Ragnar moribundo consiguió colocar el Yelmo sobre el sajón dormido. Al instante, sus ojos se abrieron, brillando con un fulgor demoníaco. Con un grito gutural, se alzó en su enormidad, y empuñando una enorme hacha, puso en enormes aprietos a los caballeros. Sus tajos eran brutales, de un solo golpe partió el sitial en dos. Fue un combate titánico, y la vida de los caballeros pendió de un hilo, pero al final, cuando todo parecía perdido, consiguieron derrotarlo.

Los caballeros partieron raudos, y siguieron combatiendo con el resto de sajones que habían dado la alarma. Se metieron en la habitación por la que habían llegado, y la trancaron por dentro. Arrojaron al suelo las telas y aceites que allí se encontraban, y les prendieron fuego. Luego, volvieron a sumergirse en el agua helada.

Sir Loic estuvo a punto de fallecer nuevamente, pero quién sabe si por obra de sus dioses paganos, sacó fuerzas de flaqueza para continuar. Y así, huyeron al bosque, mojados y al borde de la congelación, pues se acercaba el invierno en el frío norte, y cabalgaron sin descanso hasta el campamento de Uther Pendragón, donde, maravilla de las maravillas, nadie parecía haberse percatado de su ausencia, a pesar de que llevaban semanas fuera. Sin duda, otra de las argucias del sabio Merlín.

Y sin apenas tiempo para reponerse de sus heridas, pronto el rey hizo tronar su cuerno de Batalla, llamando a los ejércitos al combate…

31 oct 2012

Personajes: Loic ap Tonan

La sangre celta todavía corre con fuerza por las venas de Loic, un vestigio de una época anterior al nombre de Britania y el contacto con los romanos, cuando las gentes de la isla veneraban a sus oscuros dioses del bosque y no conocían la palabra escrita.

Aunque la línea es ya algo difusa, el caballero Loic y su numerosa familia descienden de los atrébates, un hecho que incluso ellos han olvidado. Cuando las relaciones entre celtas y romanos dejaron de ser meramente comerciales y las campañas militares se sucedieron bajo la mirada de los césar, los antepasados de Loic no quisieron unirse a las rebeliones. 

De hecho, incluso hoy día una de las historias favoritas de la familia trata sobre un antiguo rey llamado Tincomaro quien para ahorrar sufrimiento a su pueblo partió hacia la misma Roma para darle al césar las riquezas que tanto anhelaba. Satisfecho, el emperador romano no procedió con sus planes de conquista y las gentes del rey celta pudieron evitar los horrores de la guerra durante muchos años.

Y es que todos los parientes de Loic tienen en común una desinteresada generosidad que algunos confunden con estupidez, y un apego a la vida que otros han tachado de cobardía. Por supuesto cualquiera es libre de pensar lo que guste, entre los numerosos dichos que pueblan la familia (algunos incomprensibles), hay uno que dice: “no hay nada tan estúpido como matarse por unas monedas habiendo tantas”.

Teniendo todo esto en cuenta, no es de extrañar que los antecesores del joven pagano se ganasen el privilegio de conservar sus tierras y tradiciones en la época en que Britania fue provincia romana. Y aunque los posteriores siglos han ramificado y mezclado mucho la vieja sangre, en sus señoríos todavía quedan descendientes genuinos de un rey que ahora ha pasado a convertirse en un cuento para educar a los niños.

Pero centrándonos en las últimas décadas, un buen punto de partida sería el momento en el que el viejo Glen, padre del padre de Loic, se hizo un nombre al reclamar unos territorios que pertenecían a su linaje por derecho pero que los azares del destino habían puesto en mano de bárbaros y desertores, descendientes de bretones exiliados, sajones y a saber qué otras tribus detestables. En cualquier caso, como eran desleales al reino de Logres, el (por entonces) joven Glen pudo asentarse entre aquellos peñascos y arroyos y levantar un modesto señorío sin quebrantar ninguna ley. La ambición del chico le impulsaba a ir más allá y recuperar “algo” sobre “una gloria” pasada, seguramente recuerdos borrosos de aquella época ya mencionada en que los atrébates eran una de las tribus principales.

Sin embargo, para cuando quiso darse cuenta de ello el caballero Glen había dejado de ser un fiero guerrero para convertirse en un hombre maduro lleno de preocupaciones por el mantenimiento de su territorio. Así pues, decidió que lo mejor era pasar la antorcha a la siguiente generación y esperar a que uno de sus hijos recuperase ese “algo” que habían perdido. Aunque entre los suyos era normal tener una legión de vástagos, Glen y su esposa Cinnia fueron la excepción al concebir solamente a Tonan y Kenneth. El hermano mayor creció para convertirse en el ejemplo perfecto de caballero honesto, y el menor... bueno, también fue armado caballero.

Lo que importa es que sir Glen pudo concentrarse en las labores del señorazgo sabiendo que el futuro de su casa estaba en buenas manos, así que la región prosperó y casi sin darse cuenta le salieron familiares como setas. Primos, hermanos, sobrinos, todos querían un lugar en la casa y juraban aceptar a Tonan como futuro cabeza de familia. Pero las labores del reino nunca se terminan y el que era un muchacho prometedor capaz de traer gloria a su feudo, también empezó a peinar canas sin experimentar apenas progresos. Una ampliación en los establos. Unas reparaciones en los tejados. Nada impresionante.

Lo cierto es que sir Tonan tampoco contaba con el punto ambicioso de su padre, él se limitó a cumplir sus deberes con el rey y formar una numerosa familia al estilo celta, trayendo hijos que llenaban la casona con gritos y risas y celebrando las fiestas paganas como correspondían: armando mucho escándalo. Aunque la relación con su hermano nunca fue ejemplar, pues lo acusaba de vividor y superficial, al menos sir Tonan pudo respirar tranquilo porque aunque el otro fuese un inmaduro nunca intentó poner en entredicho su autoridad.

La mayor tragedia de su vida vendría, no obstante, cuando su esposa Margaret falleció un invierno tras sufrir lo que parecía un simple resfriado. A partir de ahí el hombre se volvió introspectivo y aunque seguía ejerciendo sus funciones como se esperaba de él, no puede decirse que le pusiera mucho entusiasmo a nada. En una familia donde prácticamente cada año se celebraba una boda o un nacimiento, sólo Tonan prefería seguir con la vista anclada en el pasado.

En medio de todo este ambiente, rodeado de parientes de todas las edades, Loic creció como un golfo falto de disciplina, pues ausente su madre y distante el padre, la verdad es que todos estaban muy ocupados como para meterle algo de sentido común al rapaz. Las criadas de la familia se partían la espalda cuidando al surtido de hermanos y primos pequeños así que Loic entró en la adolescencia bajo el ala del personaje menos indicado: su tío Kenneth.

El viejo Glen por entonces salía poco del feudo e invertía el tiempo en escrutar a su familia con ojos de águila. Nunca había estado muy orgulloso de su hijo tunante, pero al menos el sinvergüenza se las había apañado toda su vida para saber llevar sus asuntos sin causar problemas. Pero cuando vio al primogénito de Tonan seguir los mismos pasos, se le dispararon las alarmas y decidió tomar cartas en el asunto. La insistencia dió sus frutos y sir Tonan terminó por prestar más atención a la educación de su heredero. Horrorizado se quedó un día cuando lo descubrió silbando a las lavanderas mientras el tio Kenneth le murmuraba, muerto de risa, a saber qué indecencias.

La atención del padre de Loic, perdida en recuerdos durante años, de repente cayó como un manto asfixiante sobre el asilvestrado chaval. Él chico estaba acostumbrado a levantarse tarde, robar pasteles en las cocinas y perderse por el señorío haciendo lo que le daba la gana así que el estricto régimen militar al que lo sometió sir Tonan no puede decirse que le sentara nada bien. Madrugaban para entrenar, tenía que atender a los caballos mientras le castañeaban los dientes y practicaba en el patio con espadas de madera, un arte en el cual apenas progresaba, para desesperación de los viejos.

La resistencia física y mental de Loic estaba al límite cuando su padre decidió que había llegado el momento de ponerlo bajo la tutela de sir Elad, quien forjaba grandes hombres y mejores caballeros. Cuando el alguacil contempló al muchacho tuvo que contener una sonrisa; aunque ojeroso y delgado, el joven Loic lo miraba con rencor sordo antes de conocerlo. La experiencia le decía que si quería sacar lo mejor de ese chico lo mejor sería dejarle las riendas un poco sueltas. Prometió al padre una disciplina rayana en lo grotesco pero luego dejó al chaval coger su propio ritmo para no forzarlo demasiado.

Comparado con los últimos meses, la temida tutela de sir Elad resultó ser casi unas vacaciones. Loic sabía que el hombretón, aunque afable y comprensivo, tenía un pronto capaz de asustar a los caballos de guerra así que supo corresponderle cumpliendo sin rechistar con sus deberes de escudero aprendiz. Al fin y al cabo, la alternativa era volver bajo la tiranía de su viejo.

En Salisbury, el joven Loic pronto hizo amistad con el chico más grande y bestia de todos, un osezno con sangre sajona llamado Gunner. Juntos trabaron una buena relación pues el primero divertía al otro con su humor cínico y el sajón advertía a Loic cuando se estaba alejando de sus deberes. De Gunner todos se esperaban que destacase como alumno dotado, al fin y al cabo era más alto y corpulento que muchos caballeros armados, pero la sorpresa vino cuando Loic se hizo un hueco entre los privilegiados cuando descubrió su afinidad con las lanzas. 

A diferencia de otros aprendices, Loic no era tan fuerte. Tampoco es que fuese un muchacho enfermizo, pero cuando cruzaba espadas con los demás, eran sus brazos los que solían cansarse primero. Además, no entendía la fascinación de todos por las hojas largas, eran pesadas y pillarles el equilibrio una pesadilla. Una tarde sir Elad reunió a los chicos para enseñarles algunos trucos por si algún día debían proteger la frontera de saqueadores pictos, unos salvajes amantes de las lanzas y otras armas de fabricación barata. A un lado, Loic interpretaba al picto, y al otro un muchacho que solía ganar los duelos aporreando la espada como si fuera una maza, obligando a los otros a permanecer a la defensiva. En menos de un minuto la lanza roma hizo un barrido, luego golpeó un hombro y finalmente desarmó a su contrincante al fustigarle la muñeca.

Todos se quedaron de piedra, Loic el que más.
A partir de entonces y pese a las protestas de sir Elad, el escudero decidió que su espada pasaría mucho tiempo dentro de la vaina.

Las visitas al señorío transcurrían sin incidentes fuera de lo común, había nacido algún primo o prima, alguien se había casado y mudado con su nueva familia, dejando un hueco que tardaba poco en llenarse, las yeguas habían dado a luz potros gemelos... lo habitual en su familia. Durante todos los años que duró su instrucción, sir Tonan se mantuvo distante de su hijo, sin llegar a mostrar nunca decepción pero tampoco aceptación. Y poco a poco, el tío Kenneth, la piedra angular de su adolescencia empezó a mostrarse como el inmaduro y egoísta patán que era.

Debió ser en algún punto de esa etapa en que la ambición despertó, como un fuego avivado, en el interior de Loic. Algún día ese señorío sería suyo y él no se convertiría en un respetable funcionario como su padre o en un viva la vida sin cabeza como su tio. Llevaría oro y gloria a su familia y se casaría con una mujer que lo encendiera de pasión todas las noches. Secretamente Loic imaginaba como sería la mujer de su vida, aquella que lo haría olvidar lo facilonas que son las mujeres de la servidumbre. Debía ser o bien una fiera de ojos astutos pidiendo a gritos que la domestiquen, o una beldad dulce e inocente a la que enseñar el lado salvaje de la vida.

Como fuera, el joven fue armado caballero junto a su leal colega Gunner,y pronto quedó claro que sus pasos no estaban encaminados hacia la mediocridad cuando sus primeras aventuras lo encaminaron hacia obras mayores como disolver una hermandad de crueles ladrones, hacer la guerra al invasor sajón junto al hijo del mismo Uther Pendragon e incluso, se rumorea (y él mismo cuenta sin reparos), ayudar a Merlín el sabio en misiones más allá de los límites terrenales.

A raíz de una de estas aventuras, la devoción de sir Loic hacia los antiguos dioses se ha visto incrementada, pero el objeto de su mayor lealtad es la misteriosa Dama del Lago a la que jura y perjura haber visto y a la cual ha prometido luchar contra los enemigos de Britania sin más escudo que la propía tierra. En su familia tal juramento fue tomado con pánico, pues no hay nada más peligroso para un caballero expuesto a tantos peligros que combatir sin más protección que la fe.

Pero el hecho es que los años pasan y según se murmura, de entre los jóvenes caballeros que actúan en nombre del rey suele ser Loic el que sale mejor parado. Quizás sea cierto que la Dama ha aceptado su gesto desinteresado y la magia de Britania vela por él. En cualquier caso, sir Loic ha ido cambiando poco a poco para mejor, se sabe de él que es amigo de sus amigos y leal a las causas justas y nobles. En su señorío, sir Glen y sir Tonan respiran aliviados: la antorcha ha vuelto a pasar a manos capacitadas.

30 oct 2012

Sir Garrick de Winterbourne Stoke



En las verdes praderas del señorío de Winterbourne Stoke en las fronteras de Salisbury, nació el heredero del gran Sir Gard, el honorable señor que cayó en la gloriosa batalla de XXX y cuyo hijo, Garrick Wolfar estaría destinado a ver tiempos difíciles para Britania. 

Nombrado escudero de Sir Thomas Jail, sirvió a su señor durante años hasta que el buen Conde Roderick decidió que había llegado el momento de ser armado caballero para defender las tierras de Salisbury y obedecer las órdenes de Lord Uther Pendragón, gran rey de Britania. 

Durante su instrucción, el joven Garrick entrenó duramente las artes del caballero, pues la muerte de su padre en XXX, le nombraba directamente señor de sus tierras, pero aún no estaba preparado para gobernar como un auténtico caballero, pues casi no era capaz de ganar un combate con espada y mucho menos aún ser miembro de la caballería del reino, lanza en ristre, por lo que su madre y viuda de Sir Gard, Lady Arabeth, administraba el señorío hasta que su primogénito estuviera listo para gobernar aquellas tierras como su padre antes que él. 

Los años que sirvió junto a Sir Thomas le brindaron la oportunidad de ver y sufrir en sus propias carnes cuán cruel podía llegar a ser el mundo en el que le había tocado vivir, siendo testigo de múltiples batallas, de donde observó y aprendió el arte de liderar aquellas guerras, teniendo que sacar a su señor del campo de batalla en más de una ocasión, víctima de las heridas de sus enemigos, sajones en su mayoría, pues éstos se habían convertido en una plaga en toda la costa de Britania. 

En uno de esos viajes durante tanto tiempo a las cortes que se celebraban, y la asistencia de Sir Thomas a Sarum con asiduidad para servir al Conde Roderick, Garrick contempló por vez primera la que sería su auténtico amor desde entonces, a sabiendas que una noble y hermosa dama como Lady Adwen, casada para más inri no iba a fijarse en un simple aprendiz de caballero que ni siquiera monta en corcel. 

Los años pasaron y el Conde Roderick decidió que había llegado el momento de nombrar a Garrick caballero, pues Sir Thomas había colgado su armadura y liberado a su corcel, y nada podía enseñarle al joven escudero que no hubiera aprendido ya. Había sangrado y hecho sangrar, había llorado la pérdida de amigos y camaradas y había hecho llorar a los amigos de sus enemigos, había servido con honor y justicia a su señor y por último a su rey. Había llegado la hora de ser armado caballero. 

Cuando el día llegó, el joven muchacho de no más de veintiuna primaveras, salió decidido al encuentro de su señor Roderick, con su corto cabello de color oro viejo al descubierto y sus penetrante ojos azules clavados en su destino, Sarum. 

En una ceremonia sin gran pomposidad, Sir Garrick Wolfar de Winterbourne Stoke fue hecho caballero junto a otro escudero, el ahora Sir Langly de Dunford, y ese mismo día juró proteger Britania de todos aquellos enemigos que osaran enfrentarse al Alto Rey Uther Pendragón y sus caballeros, entre los que se encontraban Sir Garrick y Sir Langley, junto a los que pronto serían sus camaradas de armas, el Gran Oso de Salisbury y el Caballero de la Lanza. 

Muchas y difíciles aventuras se presentaban así a los jóvenes caballeros…

24 feb 2011

Año 489: El Juicio de Sir Maglos


El sol de la mañana incidía sobre la ciudad de Sarum, dónde una insólita reunión tenía lugar en el Gran Salón del Conde Roderick. Ante la corte reunida, nuestros valerosos caballeros acusaban ante el Conde a Sir Maglos, el vil traidor que tantas veces había conspirado en su contra.

A pesar del apasionado discurso de los caballeros, su acusación fue en vano. Sir Maglos, solicitó un juicio por combate, para que los dioses de la batalla probaran su inocencia, y ante tal petición, Sir Roderick no tuvo más remedio que aceptar, a pesar de su confianza en los jóvenes caballeros.
El combate quedó emplazado para la mañana siguiente, y fue la comidilla de la corte durante el resto del día. Mientras, los caballeros discutían quien tendría el honor de enfrentarse al traidor.

- En realidad… No tengo tantas querellas contra Maglos como vos, Sir Garrick… - Sir Loic de la Lanza, demostrando su pena por no combatir.

Al día siguiente, todos se reunieron alrededor de los dos combatientes, que aparecieron completamente armados. Sir Garrick no pudo evitar algunos gestos de dolor, puesto que aún no estaba del todo recuperado de sus combates anteriores, a pesar de lo cual, no dudó en enfrentarse a su enemigo.

Mientras se preparaba para el jucio, Sir Garrick se percató de que Sir Marador, el padre del caballero traidor, le entregaba a su hijo una espada diferente a la que portaba. Lo cual hizo que saltaran todas las alarmas del caballero, temiendo un posible envenenamiento.

Instantes antes de que comenzara el combate, Lady Adwen, saltándose el protocolo habitual, se acercó a Sir Garrick, y tras unas palabras de ánimo, depositó un suave beso en los labios del caballero, ante el asombro de todos los presentes.
Con los nuevos ánimos infundidos por su amada, Sir Garrick aferró su espada y se dispuso a luchar por su vida y sus creencias.

Ambos luchadores se observaban fijamente, girando lentamente, uno alrededor del otro, buscando la abertura en la defensa rival. Sir Garrick, tras su escudo, trataba de mover su arma para deslumbrar a Maglos, pero el astro rey no era lo suficientemente fuerte. Garrick lanzó un golpe, bloqueado por su enemigo, que contraatacó con furia, también sin éxito. Estuvieron un largo rato tanteándose, pues era la vida lo que se jugaban.

Pasó el tiempo, el sudor corría por su espalda y su rostro, empapando su pelo bajo el yelmo. El silencio era total, solamente quebrado por los golpes de los luchadores, y el sonido de su respiración trabajosa.

Más al final, Garrick atacó como un león enfurecido. Lanzó una serie de golpes poderosos, que apartaron el escudo de Maglos, y por último, alzando su espada por encima de la cabeza lanzó un tajo brutal, que hirió gravemente al traidor, salpicando de sangre a los asistentes. Lentamente, Garrick se acercó al caballero caído. El tiempo se detuvo, todos aguantaron la respiración, esperando el golpe final.

Se alzó la espada, y volvió a caer como un relámpago, refulgiendo con los rayos solares…

Y la muerte alcanzó al traidor.


Pasaron varios días tras el juicio por combate, y las cosas parecieron calmarse. En ese momento, llegó el mensajero del Pendragón. Las tropas tendrían que reunirse en el norte, pues por fin se enfrentarían contra el Sajón.

18 feb 2011

Herederas del Condado

Lady Adwen (ASP 17):


Lady Adwen es la joven y bella hija del malogrado caballero Sir Blane, muerto en combate contra los invasores hace algunos años. Huérfana de padre y madre, la joven doncella se hizo cargo de las posesiones de sus progenitores, lo que la convierte en una de las mujeres en edad casadera más codiciada, además de tener muy buena consideración por su aguzado ingenio, tan poco común en la época.
A partir del año 486, el prometedor Sir Garrick de Winterbourne Stoke inicia un apasionado galanteo que poco a poco va minando la resistencia de la mujer, según los rumores de la corte.
Propiedades: 2 Señoríos en propiedad, y 4 señoríos en concesión.

Lady Elaine (ASP 18):



Elaine es una bella y rica heredera, y una inagotable fuente de rumores cortesanos debido a sus frecuentes devaneos amorosos con multitud de hombres, ninguno probado claro está. Su primer marido fue asesinado por su joven amante, y por consiguiente, posteriormente colgado por asesinar a un caballero. No tiene demasiadas amigas en la corte, pues todas las mujeres del condado la consideran una fresca, y los rumores de sus infidelidades suelen ser la comidilla en el condado.

Propiedades: 4 señoríos en propiedad.
Lady Gwiona (ASP 15):



Gwiona es una simpática y pequeña mujer, que ostenta el cargo de ser la segunda dama de la Condesa Ellen. Sus cuatro prometidos anteriores murieron en la guerra poco tiempo después de la pedida de mano, con lo que las supersticiones de que Lady Gwiona estaba maldita de alguna forma afloraron casi instantáneamente. Por ello, la joven se ha convertido en una cristiana devota, y suele pedir consejo al obispo de Sarum, acudiendo a misa todos los días.

Propiedades: 2 señoríos en propiedad.

Lady Indeg (ASP 12):



Lady Indeg es una mujer entrada en la cuarentena, amante de las fiestas y los cotilleos, conocida por dar esplendorosas fiestas en sus heredades. Ha enviudado dos veces, lo cual la convierte en la más rica heredera del condado, y los jóvenes que se agolpan a sus pies son casi legión. Pero la dama no parece tener prisa por volver a casarse.

Propiedades: 3 señoríos en propiedad, más 2 Libras al año de ingresos extras. Además de 3 señoríos que heredaría su hijo, provenientes de su marido.

Lady Serena (ASP 16)


La hija de Sir Amig es una delicada pero hermosa mujer, recién llegada a la edad casadera, que adora a su padre a pesar de lo excesivamente protector que es éste con ella. Temeroso de los caballeros que se acerquen a ella por sus posesiones, Sir Amig se encarga de minar las posibilidades de los candidatos a pedir su mano.
Propiedades: 3 Señoríos en propiedad, y 1 Libra al año de ingresos extras debido al ganado.

Lady Andrea (ASP 14)



Única hija de Sir Hywel, el Abanderado de West Lavington, y única alegría de su vida. Pocas veces se deja ver por la corte, aunque sorprende por su extremada inteligencia. Cuentan los rumores que su padre tiene una importante biblioteca en sus posesiones, y que a Lady Andrea le encanta pasar las tardes leyendo libros en sus jardines.

Propiedades: 2 Señoríos en Propiedad, y una dote de 2d6+6 Libras.

17 feb 2011

Caballeros de Salisbury

Conde Roderick   Fallecido

El Conde de Salisbury es un leal vasallo del Rey Uther, uno de sus principales apoyos junto con el Duque Ulfius de Silchester. Es un hombre justo, apreciado por sus súbditos y querido por sus caballeros, aunque es bastante conocida su animadversión con Sir Bles, el Administrador de Levcomagus, surgida según los rumores, por los intentos de ambos hombre de conquistar a la Condesa Ellen, años atrás.

Ya entrado en la treintena, el conde aún se mantiene en forma, y es un buen luchador, aunque esté más versado en la administración y la estrategia que en el combate personal.


Sir Elad   Fallecido

El Alguacil de Salisbury, encargado del ejército del condado, es la mano derecha del Conde, y mentor de muchos caballeros jóvenes, que han sido entrenados por él mismo en el manejo de las armas.

Es un hombre corpulento y ancho de hombros, de cabello claro y barba corta. De carácter serio y adusto, es un caballero leal, y daría su vida por “sus caballeros” si fuera necesario. El Conde consulta prácticamente todas las cuestiones importantes con su Alguacil antes de tomar decisión alguna.

Sir Amig 

El Castellano de Tilshead, conocido como el “Asesino de Sajones” debido a su fuerte animadversión contra el invasor sajón, Sir Amig es uno de los hombres de confianza del Conde Roderick, y uno de sus caballeros más veteranos.

A pesar de su avanzada edad, sigue siendo un guerrero formidable. Su cabello empieza a escasear, y las arrugas se marcan en su curtido rostro, aunque pocos caballeros que alcanzan la cincuentena se encuentran en tan buena forma como él.

Tiene una hija en edad casadera, aunque muchos compadecen al pobre incauto que trate de conquistarla, sobre todo, para superar las reticencias de su padre.

Sir Hywel 
El abanderado de West Lavington es un caballero delgado, de aspecto casi enfermizo. Heredó muchas tierras de su padre, y desde que murió su esposa, años atrás, no ha vuelto a contraer matrimonio, pues al parecer nunca lo ha superado, de ahí, su aspecto melancólico y meditabundo.
Tiene una única hija, Lady Andrea, heredera de varios señoríos.

Sir Jaradan 
El joven Jaradan es un perfecto ejemplo de un caballero. Cristiano convencido, apuesto simpático, pagado de sí mismo y orgulloso, es, a pesar de su juventud, uno de los mejores espadachines de Salisbury, lo cual le ha valido el apodo de “La Espada del Condado”.

Conocido tanto por su habilidad con las armas como por sus constantes galanteos con las damas, Jaradan es un importante valor en alza en Salisbury.

Sir Bar 
El enorme Sir Bar es un caballero de cerca de dos metros, de espaldas anchas como un oso, y una espesa cabellera negra que le da un aspecto ciertamente salvaje. Los más crueles rumores de la corte se burlan de él por su aparente falta de inteligencia, pero la realidad es que Sir Bar es un hombre que se toma su tiempo para tomar decisiones, un hombre calmado y tranquilo que trata de controlar su enorme fuerza, y es un caballero más astuto de lo que aparenta.

Sir Maradoc   Fallecido

Maradoc es un caballero bastante maduro, de modales impecables pero con un permanente gesto de desdén en su huesudo rostro. Trata con desprecio a aquellos por debajo de su condición, y se vale de sus enormes posesiones para intentar mejorar su posición, aunque no despierta muchas simpatías.

Es uno de los caballeros más ricos del condado, aunque no goza de la confianza del Conde. Recientemente, se rumorea que su hijo Sir Maglos tiene tratos con el Administrador de Levcomagus para perjudicar al Conde.



Sir Leo 

El caso de Sir Leo es peculiar. Es un veterano guerrero, amable, y de una conducta intachable, pero su gloria y repercusión en el reino está por debajo de sus posibilidades debido a su gusto por la vida al aire libre.

Si alguien encarna al caballero andante, él es Sir Leo, y pasa la mayor parte del año recorriendo los caminos del condado, rastreando animales, bandidos y saqueadores entre los innumerables bosques de Salisbury, lo cual le ha granjeado la simpatía del Conde Roderick, pues su labor, aunque poco reconocida, es muy necesaria.


Sir Lycus 
Sir Lycus es un recién nombrado caballero, hijo de uno de los mejores amigos del Conde, fallecido luchando contra los sajones hace unos años. En reconocimiento a su vieja amistad, el Conde Roderick lo armó caballero y vive en Sarum como caballero mantenido.

Es un hombre alto y delgado, y empieza a ser conocido en la corte por su gusto por los cotilleos y rumores.



16 feb 2011

Tu Señorío

La información que se añade en esta entrada correspondería a un Señorío genérico, tal y como aparecen en el libro básico. Claro está, un caballero puede personalizar su señorío tanto como quiera, tanto a nivel decoración como construcciones, etc. De hecho, tengo intención de utilizar reglas del Lordly Domain o el Book of the Manor, para que dicha personalización sea aún mayor. Sería interesante que cada jugador detallara de donde provienen los ingresos de su señorio (ganado, pesca, etc.) o cuáles son las fiestas típicas, tradiciones, etc.



El señorío es la base de riqueza de un Caballero Vasallo, que le reporta 6 Libras de ingresos anuales, lo justo para alimentación, vestiduras, armas y caballos.

La Casa Señorial
Es una casa excelente para el caballero y su familia, cuya parte principal es el “hall” o salón, construido a modo del que se encuentra en el castillo de su Señor Feudal. Probablemente, posea tierras de labranza cercanas, establos, gallineros, etc. Lo cual la convierte en la mejor granja de la zona.

Heredades
Estas son las tierras que posee el caballero. Los campesinos de la zona mandan hombres y arados para trabajar la tierra. Estas tierras se siembran principalmente de trigo para las personas y de avena para los caballos.

Otras tierras del dominio
El caballero también posee franjas de tierra esparcidas entre las demás tierras de labor. La mayoría de los terratenientes dividen de esta manera sus tierras en franjas dispersas, lo que aumenta la cooperación y la cohesión en la comunidad.

El pueblo
Este pueblo es el mercado local en el que se pueden encontrar los artesanos (herrero, carpintero, tonelero, etc.) y donde los buhoneros se reúnen una vez a la semana para montar el mercado. Aquí se encuentran un par de casas bonitas para los agricultores mas ricos, pero la mayoría de casas son cabañas de campesinos y barracas para el ganado. La población escomo mucho de 120 personas, incluyendo las del salón.

La iglesia
Hay una iglesia pequeña y pobre en el centro del pueblo. Es el edificio mas grande de la zona y esta hecho de piedra. El sacerdote (casi igual de analfabeto que los agricultores) es responsable de la congregación local.

El molino
Varios molinos muelen el grano para hacer el pan de cada día de los campesinos. El mas grande es propiedad del señor del dominio y todos los lugareños deben moler su grano allí. El señor recauda un porcentaje por este servicio. También recauda un impuesto mas pequeño de los otros molinos de la zona.

Las aldeas
Tres aldeas, cada una aproximadamente a un kilometro y medio de distancia la una de la otra, forman parte del dominio. Cada una de ellas tiene alrededor de 100 habitantes, todos ellos agricultores. Todos ellos vienen al pueblo para acudir a la iglesia, a fiestas y a trabajar para su señor el periodo correspondiente. La aldea podría tener una iglesia en ruinas, pero la mayoría de las construcciones son cabañas y barracas para el ganado.

Tierras de labor
Las tierras de labor suelen apiñarse en un radio de medio kilometro alrededor de una aldea o pueblo. Si la distancia es mucho mayor, la jornada laboral es demasiado corta para poder llevar los bueyes a diario desde el pueblo. En la mayoría de los campos se cultiva cebada de la que se obtiene el pan y la cerveza diarios. La avena es un cultivo secundario mientras que el trigo es un cultivo de lujo.

Tierras en barbecho
Cada año, se siembra la mitad de los campos. La otra mitad se deja en barbecho y suele usarse para apacentar ganado.

Tierras incultas
Entres las tierras de labor de cada aldea hay tierras que no están cultivadas, pero que producen madera y de vez en cuando frutas silvestres, y que es el lugar en el que comen los cerdos. A los campesinos no se les permite cazar, pero el caballero si puede cazar en sus tierras, a menos que se trate de un bosque real.

Reinos de Britania (485)


Britania está dividida en cinco grandes áreas: Logres, Cambria, Cumbria, Pictland y Cornualles. Logres es la tierra más importante. Además, existen una serie de reinos Sajones en la costa oriental.


Cambria
Cambria es la región occidental de Britania, lo que actualmente se conocería como Gales. Dos gobernantes principales se reparten las tierras de Cambria. En la parte sur, el Rey Lak es el Monarca de Estregales, y es el señor feudal de los señores de Escavalon, Gloucester y Cardigan.

Al norte, las tierras de Norgales, Gomeret y las Islas, son gobernadas por el Rey Pellinore, muy apreciado por sus súbditos. El interior de Cambria es una región muy montañosa y salvaje, en las que habitan multitud de tribus independientes.

Cumbria
Cumbria incluye las tierras al norte del Río Humber y al sur de las montañas de los Pictos. La mayoría de la región está formada por marismas, montañas y bosques inexplorados.

El Rey Lot de Lothian es el señor más poderoso. Su tierra natal son las Islas Orkneys. Está aliado con diversas tribus Pictas. Aunque Lot es el Rey más poderoso, el resto de reinos norteños no son vasallos suyos.

El Reino de Malahaut es el segundo reino más fuerte y el Rey Uther recientemente salvó a su Rey, Sir Barant de Apres, de los Sajones. Barant tiene tantos títulos como Uther: El Rey Centurión, Rey de los Brigantes, heredero del Rey Coel el Viejo y especialmente, Rey de los Cien Caballeros. Gobierna desde la ciudad de York (Eburacum).

La Costa Sajona
Varias regiones de Britania oriental han sido conquistadas por los invasores llamados Sajones, aunque en realidad no todos vienen de Sajonia. Los Sajones dominan Sussex, los Jutos Kent y los Anglos las tierras de Nohaut y Deira, cada una de ellas con su propio dirigente.
A pesar de su hostilidad con los Britanos, los diferentes reinos germanos son rivales entre sí, y mantienen una frágil paz gracias a su “alto rey”, llamado Bretwalda, el Rey Aelle de Sussex.


Tierras Pictas
Las tierras de los Pictos incluyen todo lo que hay más allá del muro, al norte de Cumbria. La mayoría son montañas inexploradas desconocidas para todos excepto para sus tatuados habitantes. La costa occidental, llamada las Islas Largas, están ocupadas por Irlandeses del reino del Dal Riada.

Cornualles y Bretaña
Estas dos tierras forman el oeste de Britania. Cornualles incluye toda la península suroccidental de la isla, y Bretaña son tierras britanas en Galia.
Cornualles está dividida entre dos señores. La parte norte pertenece al Duque Gorlois. Su mujer, Ygraine, es la dama más bella de Britania. La parte sur está gobernada por el Rey Idres, que también domina la mayor parte de Bretaña.

Bretaña fue hace tiempo una provincia Romana, que ha sido repoblada por emigrantes procedentes de Britania. El norte está dominado por el Rey Idres de Cornualles, y el sur por el Rey Conan de Vannetais, que odia al Rey de Francia.

Logres
Logres es el reino más poderoso de Britania, formado por varias regiones, y posee varias ciudades grandes, como Londres (Londinium) o Sarum (la capital del condado de Salisbury, la región natal de los personajes.)

Todas las grandes carreteras que se pueden ver en el mapa de Britania son Caminos Reales y pertenecen al Rey de Logres, Uther. Cometer violencia en dichas carreteras es un acto de traición contra el Rey.

Historia Reciente


Nos encontramos en el año 485, en las costas de Britania. En tiempos de vuestros abuelos, un líder britano, fue escogido por el Concilio de Britania, el Supremo Collegium, para gobernar la isla. Este líder fue coronado como el Emperador Constantin, después de que los gobernantes britanos recibieran una escueta carta del Emperador de Roma en la que les encomendaba que “cuidaran de sus propios asuntos y se encargaran de su defensa como pudieran”.

El emperador Constantin fue un buen monarca, y en el año 440, su hijo y heredero, Constans, le sucedió. Pero unos años después, el rey fue asesinado, y un hombre llamado Vortigern se hizo con el trono de Britania.

En esos tiempos, hordas de Pictos e Irlandeses atacaron las tierras britanas, saqueando todo a su paso, y para combatir contra ellos, Vortigern trajo un ejército de Sajones que lo ayudara. Él mismo contrajo matrimonio con la hija del Rey Sajón Hengest, y trajo a líderes guerreros del norte para que se asentaran en el oeste.
Por su culpa, los invasores sajones pisaron Britania por primera vez, y vinieron para quedarse. Este hecho, junto a su forma de gobernar tiránica, hizo que el Usurpador fuera detestado por los britanos.

Las rebeliones se sucedieron, pero todas fueron sofocadas por el rey, y las tierras de los rebeldes, confiscadas y entregadas a Sajones. Y en ese momento, ocurrió la nefasta “Noche de los Cuchillos Largos”. Durante un concilio de paz en Stonehenge, los Sajones traicionaron a Vortigern y acabaron con la mayor parte de la nobleza britana.

En esos convulsos momentos, en el año 466, los hermanos del asesinado rey Constans, Aurelio Ambrosio y Uther, retornaron a la isla desde Bretaña, al mando de un ejército. Muchos nativos sintieron renacer la esperanza, y se unieron a los recién llegados, todos bajo su estandarte mágico, el del Gran Dragón Rojo.

Vortigern huyó a Cambria, para evitar el acoso de los hermanos, y fue allí donde apareció por vez primera el Sabio Merlín, Gran Bardo de Britania, profetizando el futuro del Usurpador. Aurelio Ambrosio derrotó a los Sajones, luego fue tras Vortigern, y finalmente, fue nombrado Alto Rey, y llamado Pendragón, por su estandarte.

Las victorias de Aurelio Pendragón se sucedieron una tras otras, derrotando a nuevos invasores sajones, e incluso atacando Frisia y las tierras natales de los sajones, pero hace cinco años, su vida llegó a su fin. Tras marchar contra un ejército de irlandeses y sajones, fue envenenado de forma traicionera, y terminó muriendo. Uther, enfurecido por la muerte de su hermano, se hizo cargo del ejército y venció a sus enemigos.

Los nobles, en agradecimiento, le nombraron Rey de Logres, pero el Supremun Collegium no le apoyó, de modo que no fue coronado Alto Rey, a pesar de que Uther sea el nuevo Pendragón de Britania. Desde el año 480, Uther ha gobernado bien, demostrando ser un monarca capaz, acabando con rebeliones y derrotando a Sajones. El pasado año, consiguió una gran victoria, con la cual la mayoría de los reyes se sometieron a su gobierno.

Es en este momento cuando nuestros personajes hacen su aparición…

15 feb 2011

Año 489: Malas Noticias II


Las puertas del viejo fuerte se abrieron con dificultad, entre los crujidos y chasquidos propios de la madera ajada. De la fortaleza salió un grupo de hombres armados, con el rostro adusto y la mirada glauca típica de los sajones.

Entre los lanceros, avanzaba a trompicones Lady Mielle, la hermana de Sir Garrick, empujada sin miramiento por el que parecía el líder de la decena de hombres que bajaba por la suave colina que llegaba hasta el lago.

Al ver el trato que se le daba a su familia, el impetuoso Garrick apretó las mandíbulas, y bajo su guantelete, los nudillos se le tornaron blancos de apretar la empuñadura de su espada, más consiguió contenerse, temeroso de que su hermana pudiera sufrir algún daño.

Junto a él, el resto de caballeros no perdía detalle de la situación, e incluso se percataron de la presencia de un hombre embozado en las almenas del fuerte, un hombre que sospecharon que sería el traidor que tanto daño les había hecho en el pasado.

Comenzó el intercambio, y durante unos tensos minutos pareció que se iba a solucionar sin problemas. Sir Delivant se encargó de Lady Mielle, y los sajones se preparaban para llevarse las monturas y los bienes que los caballeros habían reunido como pago por el rescate. Pero los jóvenes caballeros no iban a permitir que unos sucios invasores se salieran con la suya, de modo que Sir Garrick dio la señal, y estalló el caos a las orillas del cristalino lago.

- Winterbourne Stoke no negocia con Sajones… Por Uther, Atacad caballeros!- Sir Garrick en su particular idea de lo que es el pago de un rescate.

Sir Garrick espoleó a su montura, y el poderoso corcel se abalanzó sobre el líder de los sajones, que poco pudo hacer ante la habilidad de su atacante. Se un espectacular mandoble, el caballero lo dejó fuera de combate el tiempo suficiente para que el Caballero de la Lanza acudiera presto a su lado, y entre ambos acabaron con su vida.


Mientras tanto, el joven Sir Delivant subió a Lady Mielle a un caballo, y se dispuso a alejarla de la contienda mientras se desenvolvía con habilidad ante sus enemigos. No tuvo la misma suerte el neófito Sir Eddard, que recibió varias heridas de consideración, a pesar de conseguir librarse de su rival.

En unos segundos que parecieron horas, los sajones yacían muertos, pero no se habían terminado los problemas para los caballeros. Nuevamente se abrieron las puertas del fuerte, y esta vez, el grueso de la banda sajona se lanzó colina abajo, gritando, vociferando e invocando a sus salvajes dioses.

Los valerosos guerreros, decidieron retirarse de momento, decisión muy prudente ya que eran superados en gran número, y clavaron espuelas hacia el bosque, al tiempo que hacían sonar el cuerno que avisaría a los camaradas que estaban apostados en la espesura. Mientras huían, se encontraron con la extensa familia de Loic, y sus otros aliados, de forma que, tirando de las riendas de su montura, volvieron sobre sus pasos para acabar con los perros invasores, que fueron completamente barridos ante tamaña fuerza britana.

Tras un breve descanso, donde sus heridas fueron tratadas, los caballeros victoriosos retornaban a sus hogares, cuando vieron en el horizonte una espesa humareda negra. Un escalofrío recorrió la espalda de Sir Garrick, y una ominosa premonición hizo que sintiera una extraña opresión en el pecho, pues se dio cuenta de que, el lugar de donde venía el humo pertenecía a las tierras de Lady Adwen, el amor platónico del caballero.

- Caballeros seguidme!!! Mi dama necesita ayuda!!!... – gritó Sir Garrick.

Los poderosos cascos de los caballos hollaron las tierras, y recorrieron la distancia que los separaba de su destino en un abrir y cerrar de ojos. El viento alborotaba sus cabellos, notaban los potentes músculos de sus monturas tensándose bajo ellos, mientras azotaban una y otra los corceles, apremiéandolos para que galoparan más y más rápido.

Al alcanzar la casa señorial de Lady Adwen, se encontraron con varios caballeros mercenarios, que aunque sorprendidos, no dudaron en atacarlos cuando llegaron. Mientras sus camaradas luchaban, Sir Garrick desmontó de un salto, y penetró en la casa, buscando a su amada.

Subió las escaleras de dos en dos, y por fin econtró a Adwen… con una daga apoyada al cuello, empuñada por el hombre embozado que tantos males les había causado.

- Déjala a ella, esto es algo entre tu y yo… - Dijo Garrick, pero el malhechor no se fiaba de su palabra, temeroso de los camaradas que, con las armas tintas en sangre, se hallaban tras Garrick.

Al final, los caballeros prometieron no atacarlo, y el embozado trató de salir, usando a Adwen como rehen. Pero bastó un leve tropezón, un titubeo, y la palabra no tuvo valor, pues todos los caballeros saltaron como bestias sobre el bandido, desarmándolo en el acto.

Mientras Garrick consolaba a Adwen, sus camaradas maniataban al bandido, quitándole la máscara y revelando a ¡Sir Maglos! Sus sospechas habían resultado ciertas, así que tras una ligera somanta de palos, se dispusieron a llevar al caballero traidor ante la justicia del Conde.

Pero allí, no todo saldría como ellos esperaban….

17 dic 2010

Año 489: Malas Noticias Parte I

“¡Acercaos! ¡Venid todos a escuchar mis palabras! Yo, Gaeldas el Bardo, os contaré las aventuras y desventuras de grandes héroes. Traedme una buena bebida, y os narraré de aquellos tiempos en los que los jóvenes caballeros retornaron a su hogar, esperando el merecido descanso del guerrero, pero sólamente encontraron malas noticias y traiciones. Y de cómo se enfrentaron a ellas, llevando a cabo hazañas de honor y grandes hechos de armas.¡Venid y acercaos he dicho! Pues así continúa su historia…”



El ejército britano desembarcó en el puerto de Hantonne, y lentamente, los caballeros fueron encaminándose a sus respectivas tierras. Los caballeros de Salisbury, junto con su señor, el Conde Roderick, pusieron rumbo a su condado, dispuestos a disfrutar de un merecido descanso tras sufrir los rigores de la guerra.

Tras pasar por Sarum y quedarse algunos días en la corte del Conde, comentando la negativa del Príncipe Madoc a seguir ayudando al pérfido Syagrius, los caballeros quedaron liberados de sus obligaciones por ese año, y seguidos por sus escuderos, partieron hacia sus tierras. Sir Gunner y Sir Langley, todavía heridos tras el asalto a Bayeux, se despidieron de sus camaradas, y fueron Garrick, Loic y su nuevo compañero, el joven Delivant, quienes continuaron el camino charlando animadamente.

De pronto, Sir Garrick avistó a un solitario jinete que se acercaba a ellos. Aunque en un principio no le dio importancia, una extraña opresión se aposentó en su pecho cuando reconoció al jinete. Era Terwid, su administrador. Picando espuelas, el caballero se puso al galope, temeroso de recibir malas noticias.


Garrick llegó a su altura justo en el momento en el que Terwid se derrumbaba, debido a sus heridas. Los caballeros rodearon al caído administrador, que luchaba contra la inconsciencia, tratando de informar a su señor.
Para consternación de los allí presentes, Terwid les informó que una banda de sajones había asaltado las tierras de Winterbourne Stoke, liberando al sanguinario Wulfhere y sus camaradas, los rehenes que los caballeros tenían en espera de rescate.


Los caballeros azuzaron a sus monturas, apurando su llegada a Winterbourne, dejando a su paso las señales del paso sajón. Cabañas quemadas, cadáveres y terror entre sus súbditos. Garrick bajó de un salto y penetró en su casa señorial. Allí, clavada en su sillón, un largo cuchillo sajón, con una nota escrita en un pésimo britano.

“Si quieres volver a ver a la perra sarnosa de tu hermana, deberás traer 5 caballos y 6 libras a Old Hill Lake.

Wulfhere Hacha Sangrienta”

La furia corría por las venas de Sir Garrick, más poco podía hacer, más que tratar de liberar a su familia. A todos les parecía extraño que tal partida incursora pasara de largo tantas tierras, para atacar únicamente las tierras de Garrick. Parecía que, el misterioso traidor del reino volvía a hacer de las suyas.

Garrick fue hasta Sarum, para solicitar ayuda al Conde Roderick, el cual se mostró apesadumbrado por la suerte de su caballero, pero no pudo hacer nada. Mientras tanto, Sir Loic partía hacia las tierras de su padre, donde reunió a los cabecillas de su familia, y con un apasionado discurso, les pedía apoyo en la empresa que iban a afrontar.

Sir Delivant solamente pudo hacer una cosa, ofrecer su espada para ayudar a su nuevo camarada, pero dicha ayuda no era poca, pues de todos era conocida su habilidad en el combate, tal y como había demostrado en las murallas de Bayeux.

Con un apasionado discurso, Sir Loic apeló al honor y la lealtad familiar. Y con tan buenas palabras habló, que su familia no tuvo más opción que aceptar su petición. Más de una docena de caballeros se sumaron a su causa, incluido el joven Eddard Rhun, un caballero nacido en Rydychan y armado caballero por Sir Roderick, que en esos tiempos estaba viviendo en las tierras de la familia de Loic.

Así pues, idearon un plan para liberar a la hermana de Garrick sin pagar lo exigido. Según este plan, Sir Garrick iría con su escudero, pero el escudero sería en realidad Sir Delivant. Además, Sir Gunner, Sir Loic, Sir Eddard y Sir Langley irían vestidos como campesinos, con las armas ocultas en uno de los carros. Uno de ellos llevaría un cuerno de batalla, y cuando hiciera falta, lo soplaría para que el resto de caballeros cabalgara hasta el lugar y los ayudara a eliminar a los sajones.

Era arriesgado, pero ni la cobardía ni la prudencia eran características que se identificaran a nuestros caballeros. Así que allí estaban ellos, contemplando con fijeza las puertas de madera del pequeño y semiderruido fuerte, que se abrían lentamente para comenzar el intercambio.






Continuará...

15 dic 2010

Año 488: El Asedio a Bayeux Parte 2

El rojo amanecer alcanzó la ciudad de Bayeux como una premonición de la sangre que se iba a derramar ese día. Con la llegada del alba, los caballeros salieron sigilosamente de su refugio al tiempo que las tropas del Príncipe Madoc lanzaban el asalto definitivo, encabezado por los infantes y los irlandeses, con el resto de tropas britanas esperando el momento oportuno para atacar.

Los caballeros que se habían infiltrado en la ciudad subieron a la muralla aprovechando tal distracción, y gracias a sus uniformes francos pasaron desapercibidos hasta alcanzar una sección fuertemente presionada por los britanos. Mientras los francos trataban desesperadamente de evitar que los atacantes abrieran brecha en sus defensas, los caballeros de Salisbury aprovecharon el momento, y se lanzaron como leones contra sus enemigos.

Al frente de la cuña, Sir Garrick y Sir Loic lanzaban tajos y lanzazos a diestra y siniestra, empujando, esquivando y golpeando en medio de la confusión. Tras ellos, dispensando muerte a cada paso, Sir Gunner y Sir Langley, avanzaban con furia contenida.

Una decena de cadáveres sembraban el suelo de las murallas antes de que los francos supieran que eran atacados por la retaguardia. Un oficial franco se percató del ataque y trató de avisar a sus tropas, pero en el caos de la batalla fue casi imposible. Sir Garrick clavó su acerada mirada en el rival, y salió a su encuentro, mientras sus camaradas le cubrían las espaldas acabando son sus guardianes.

El oficial lanzó un tajo horizontal, pero el caballero interpuso su escudo y detuvo el golpe, que se hincó profundamente en la madera. Garrick apartó el escudo y golpeó con fuerza, arrojando a su rival a tierra. Antes de que el franco pudiera moverse, la espada del caballero segó su vida.

Mientras tanto, a las afueras de la ciudad, el joven Sir Delivant sujetaba las correas de su escudo con nerviosismo. No por cobardía ni por nervios, sino por ser su primer combate de verdad. El guerrero contemplaba la cima de la muralla, la zona más encarnizada de la batalla, se percató de un posible hueco en las filas enemigas. Avisó a su líder de unidad, que parecía reacio a atacar, sabedor de que sería un asalto muy peligroso.

A pesar de las prisas de los caballeros, su líder, Sir Yggern, dudaba, temblando ostensiblemente, hasta que no tuvo otro remedio que desenvainar su espada y ordenar la carga con voz temblorosa. Delivant, junto a sus camaradas de armas, se abalanzó hacia la muralla, gritando enfervorecido.

De un salto, el joven guerrero pisó el rocoso suelo, sólo para encontrarse a un enorme franco que blandía su hacha contra él. Gritando furiosamente, el franco golpeaba una y otra vez, haciendo recular a Sir Delivant hasta que chocó espalda contra la muralla. Cuando su fin parecía próximo, el caballero se agachó, esquivando el tajo de su enemigo, y saltó hacia arriba, clavando su espada en la parte inferior de la mandíbula de su enemigo. Vociferando en su rostro, Delivan hincó con más fuerza su arma, mientras los chorros de sangre caliente empapaban su rostro y su sobreveste. Al final, de una patada, apartó el cadáver de su enemigo, y paseó su mirada entre los supervivientes, buscando otro rival.

Atrapados en dos frentes, los francos que protegían esa sección de la muralla no tardaron en caer. Aprovechando esta brecha, los britanos penetraron en la ciudad, atacando con salvajismo a los supervivientes francos que tantas bajas les habían causado.
Al final, el propio Madoc penetró en la ciudad. Con su espada “Segadora” en la diestra, y empuñando un estandarte en la siniestra, contemplaba la ciudad recién conquistada con una sonrisa de satisfacción en el rostro. Se volvió hacia sus soldados, le exhortó a voz en grito:

–¡LA CIUDAD ES NUESTRA! –
Días después, los carros llenos de botín aún salían llenos de Bayeux, botín que se repartió entre los conquistadores, llevándose todos un buen pellizco. Los caballeros consiguieron varias libras, además de gran renombre. Como muestra de confianza, el Príncipe Madoc les encomendó la misión de proteger su pabellón de campaña, cosa que los caballeros hicieron con la diligencia que les caracterizaban.

Al amanecer del segundo día, trompetas y fanfarrias anunciaron la llegada del Pretor Syagrius, que llegaba al campamento engalanado al estilo romano, montando un caballo blanco y seguido de sus équites.
Desmontó y se acercó al príncipe que había salido a recibirlo con rostro adusto. El Pretor abrazó al heredero britano, alabando y agradeciendo su ayuda. Luego, exhortó a Madoc a partir, pues los francos tenían que ser derrotados definitivamente.

– No –

El silencio cayó sobre el campamento al escuchar la lacónica respuesta del príncipe, y la confusión se dibujó en el rostro del Pretor.
La duda dio paso a la furia, mientras el romano argumentaba que Uther había hecho una promesa, y recordándole las palabras del Pendragón. Pero la tajante respuesta de Madoc no dejaba lugar a dudas.

– Yo no soy mi padre – dijo mientras se daba la vuelta, dejando al Pretor con el rostro congestionado de ira, aguantando las sonrisas burlonas de los caballeros, cuya enemistad hacia el Pretor era más que patente tras su “traición”.

Perjurando en su idioma, el romano se dio la vuelta y partió con sus tropas. Tiempo después, llegarían a los oídos de los caballeros las noticias de su aplastante derrota. Pero ahora era tiempo de celebración, y los caballeros, cargando con un gran botín, embarcaron rumbo a su hogar, donde sus aventuras no habían terminado.

¿Qué era lo que les esperaba en las costas de su querida Britania? Pronto lo descubrirían…

1 sept 2010

Año 488: El Asedio a Bayeux Parte 1

Al amanecer de aquel día, el sol naciente teñía de rojo el firmamento, un oscuro presagio de lo que iba a ocurrir ante las imponentes murallas de la ciudad de Bayeux.

Los caballeros habían llegado al campamento a uña de caballo, con el corazón hirviendo en pura furia, ansiosos de venganza sobre el Pretor, que vilmente los había abandonado a su suerte ante un grupo de francos.

Mas su venganza debía esperar, pues el Príncipe Madoc aplacó su ira, prometiéndoles que tamaña ofensa no quedaría impune. De modo que, los jóvenes caballeros se encontraron formando en el ala derecha, comandados por Sir Roderick, junto al resto de caballeros de Salisbury, preparados para asaltar la importante ciudad, ahora en manos de los francos.

Oleada tras oleada, los infantes se arrojaban hacia la ciudad, portando escalas, y demás pertrechos de asedio, pero a pesar de su bravura y del apoyo de grupos de caballeros, no consiguieron abrir brecha. Y así terminó ese día, con el terreno que rodeaba la ciudad plagado de cadáveres, un auténtico festín para los cuervos.

Tras un segundo día infructuoso, los jóvenes caballeros comenzaron a pergeñar un plan casi suicida, en el que intentarían penetrar en la ciudad al amparo de la noche y utilizando el sigilo. Ciertamente era un plan complicado, y su elaboración necesitó de largas horas de preparación, pero al final presentaron su idea al Príncipe, enardecidos por la promesa de gloria y de botín.

Madoc, sin nada que perder, y mucho que ganar en caso de tomar la ciudad con prontitud, aceptó el plan, y comenzaron los preparativos. Todo se basaba en un señuelo, una estrategia que permitiera desguarnecer una sección para que algunos grupos de caballeros se colaran en Bayeux.

Se prepararon muñecos de paja y madera, ataviados con los pertrechos de los soldados. Empujados por infantes, y con la escasa luz nocturna, atraerían la mayoría de los disparos francos sin causar excesivas bajas. Al mismo tiempo, se intentaría un asalto en dos puntos de las murallas, usando los trebuchets y las armas de asedio.

La esperanza de los caballeros era que, con la confusión, nadie se percatara en los cinco enemigos que se acercaban a la muralla y trataban de trepar por ella.

La oscuridad de la noche se quebró con proyectiles incendiarios, y pronto estalló el caos. Los caballeros, haciendo gala de un sigilo y habilidad importantes, alcanzaron la muralla, cargando fardos con armas y ropajes. Allí, Sir Gunner, el más fuerte del grupo, trató de lanzar un garfio sobre la muralla.
Tras varios intentos infructuosos, el metálico garfio tuvo a bien sujetarse, y los caballeros subieron, aguantando la respiración ante el temor de ser sorprendidos.

Mientras terminaban de subir los fardos, Sir Langley escuchó como la puerta de la torre, a su derecha, comenzaba a abrirse, y una figura se recortaba en el umbral. Sin dudarlo un instante, el caballero se abalanzó cual jabalí embravecido, y saltó sobre su desprevenido oponente, apuñalándolo repetidas veces, mientras acallaba sus gritos con la mano.

Durante unos angustiosos instantes, los caballeros aguardaron, temiendo que hubieran sido descubiertos, pero no había sido así. Penetraron en la torre, y allí mismo, en las escaleras, comenzaron a vestirse con los ropajes que habían traído, arrebatados a cadáveres francos, y con los que pensaban engañar a sus enemigos en caso de ser descubiertos.

Allí, bajo la trémula luz de las antorchas, escucharon voces, enemigos que corrían, subiendo las escaleras para unirse a la batalla. Rápidamente, sin perder un momento, les tendieron una emboscada. Mientras dos caballeros esperaban tras la puerta, otros dos, ataviados a la manera franca, simulaban ver algo fuera de las murallas, mientras hacían gestos a los recién llegados para que se acercaran.

Sin sospechar nada, los francos se acercaron, pero lo único que encontraron fue la muerte, pues los caballeros, con la eficiencia que otorga la experiencia, acabaron con ellos en un santiamén. Luego, arrojaron los cadáveres hacia fuera, sin ningún miramiento, y procedieron a introducirse en la ciudad.

Teniendo en cuenta que los francos adoraban a dioses paganos, los caballeros se encaminaron hacia una iglesia cristiana, pensando que probablemente estuviera deshabitada, como así era. Encontraron el edificio, con los portones desvencijados, y penetraron en el silencioso edificio con precaución.

Los bancos amontonados, las figuras destrozadas y los tapices rasgados, mostraban el paso de los enemigos, pero ahora solamente quedaba el silencio. Un sobrecogedor silencio en el que los sonidos de sus pisadas parecían truenos a sus oídos.

Se acercaron al altar, donde se encontraba la figura del Sagrado Cristo colgado en la cruz, pero lo que allí hallaron era una nueva aberración. Habían arrancado al cristo de la cruz, y lo habían reemplazado por un sacerdote, que yacía sangrante, atravesado por mil heridas, en proceso de descomposición.

Incluso los caballeros paganos se sintieron horrorizados ante tamaña blasfemia, y Sir Gunner, cristiano, apretó las mandíbulas con fuerza, asqueado ante la barbarie que tenía ante sus ojos. Sin dudarlo un instante, decidió descolgar al sacerdote, otorgándole el reposo que se merecía.

Cuando se agachaba con el cadáver, tras la cruz, pudo ver lo que parecía una pequeña puerta, que al parecer había pasado desapercibida a los saqueadores. Cuando fueron allí a investigar, vieron que era la celda del sacerdote, y decidieron que era un buen lugar donde pasar lo que quedaba de noche, esperando al amanecer, momento en el que tendría lugar el ataque definitivo.

¿Qué aventuras y desventuras les esperaban en aquella alejada ciudad? Escondidos en aquella vieja iglesia, no podían imaginarlo…